Guillermo Rigondeaux fue la sombra de sí mismo ante Lomachenko. ¿Por qué?

Vasyl Lomachenko demostró que no importa el rival que tenga delante, él está hecho de una madera diferente y puede convertirse con el paso de los años en una leyenda del boxeo.

No es su pelea contra Guillermo Rigondeaux la mejor para medir sus capacidades, pues el cubano fue una mueca de boxeador y no el púgil veloz, inteligente y poderoso que todos esperábamos. No fue, ni siquiera, el que muchos criticaban por aburrido, a pesar de su medida eficacia ganadora.

Pero independientemente de lo que ofrezca el oponente, Lomachenko ha sorteado cuanto rival se ha puesto en su camino, con excepción de Orlando Salido, que apeló a corazón y experiencia para ganarle en su segunda pelea. El ucraniano ha dejado en el camino a nombres respetables del boxeo como Gary Rusell Jr., Gamalier Rodríguez, Román Martínez, Nicholas Walters, Jason Sosa y Miguel Marriaga. A todos los ha hecho ver como rivales menores.

Pero de Lomachenko ya se hablará mucho en el futuro. Ahora toca hablar de Guillermo RIgondeaux, porque será difícil hacerlo más adelante. Esta derrota, por forma y fondo, puede ser su última oportunidad perdida. Sin un título que defender y con el crédito agotado le va a ser cuesta arriba encontrar rivales que revivan su carrera.

Pero, ¿qué le pasó a Guillermo Rigondeaux?

La explicación que encuentro me llega atando cabos, pero no en base a pruebas contundentes, por lo que no deja de ser una opinión personal.

Empecemos aclarando que no hay excusas para le derrota; Lomachenko hubiese ganado esta pelea bajo cualquier circunstancia, con lesión de mano o sin ella, en 130 ó en 126 libras. Pero más allá de eso, no deja de  extrañar que Rigondeaux no tuviera contragolpe ni movilidad, que su  defensa fuesa nula por falta de piernas y cintura. Rigo careció de lo que son marcas registradas de su boxeo.

Cuando vemos el resultado del pesaje empezamos a encontrar explicaciones. Rigondeaux pesó 128.5 libras, algo extraño para un boxeador acostumbrado a hacer 122 sin problemas. En su última pelea ante Moisés Flores pesó 121.5, incluso marcó 125.5 cuando enfrentó a Drian Francisco en una pelea que tomó con apenas 4 días de aviso. Si comparamos las fotos del pesaje contra Lomachenko y las del pesaje contra Flores, podemos ver una clara diferencia corporal.

En apenas 6 meses  Rigondeaux cambio su fibra muscular por masa muscular. Contra Lomanchenko se ve a un Rigondeaux grueso y robusto, no al atleta de musculo definido al que estamos acostumbrados. Sabemos que el cubano es un boxeador disciplinado, que entrena con seriedad y entrega, y que sigue las dietas al pie de la letra, sabemos que fue incluso más riguroso para esta, así que podemos concluir que no pesó 128.5 porque estaba gordo, sino porque así fue planificado.

 

La estrategia de una pelea se pone en práctica desde el entrenamiento, y parece obvio que la idea fue engrosar a Rigondeaux para ganar poder y no dar ventajas en el peso; el problema es que para lograr eso se eliminaron las cualidades que lo hicieron un boxeador imbatible. Presumo -no puedo asegurarlo- que el entrenamiento de Rigondeaux tuvo mucho trabajo de pesas y de poder. Cuando esto ocurre en un periodo corto de tiempo, como los 3 ó 4 meses que tuvo para prepararse, el músculo se engrosa y el cuerpo pierde movilidad y rapidez, porque no tiene tiempo a adaptarse paulatinamente. Sin esos elementos Rigondeaux pierde sus principales armas.

Si analizamos la pelea y sus estadísticas lo vemos más claro.

Rigondeaux, que siempre ha sido una diana imposible para sus rivales, fue un blanco fijo contra Lomachenko. El cubano siempre maravilló por su capacidad para agacharse y balancear la cintura, esta vez solo tuvo capacidad para agacharse, nunca pudo moverse y por eso Lomachenko marcó casi todos los golpes que quiso. Hasta esta pelea, Rigondeaux solo recibía un promedio de 5.1 golpes por round (17%) y apenas 3 golpes de poder. Lomachenko le conecto 53 golpes entre el segundo y el sexto, más de 10 por asalto.

Sus contragolpes fueron telegrafiados y predecibles, carentes de la velocidad que mostraba siempre. Apenas conectó 2 golpes por round, alrededor del 7% de los lanzados, cuando su promedio de acierto era del 23%. Si bien Lomachenko esquiva mucho, nunca nadie falló tanto contra él; sus rivales suelen acertar el 17% de lo que le tiran.

Rigondeaux se entregó desde el segundo round, y no creo que haya sido por la mano ni por cobardía. Hay boxeadores que han ganado campeonatos mundiales con una mano lesionada o grandes heridas durante toda la pelea, y Rigondeaux nunca ha sido un púgil de quejarse por dolor.

Su lesión me recordó al “No más” de Durán. Creo que fue una excusa de un boxeador frustrado que sabía que no era el mismo de siempre por más que lo intentase. Y no es que a Rigondeaux le hayan caído el peso de los 37 años (algunos dicen que 40) en apenas unos meses, sino que su cuerpo llegó con la preparación equivocada.

Un Rigondeaux rápido, con piernas veloces y cintura flexible habría podido contragolpear, esquivar y darle más pelea a Lomachenko. Creo que su poder natural era suficiente para poder sorprender al ucraniano, no había necesidad de hacerlo más fuerte y corpulento.

Quizás hubiese perdido igual, pero habría dejado mejores sensaciones y las puertas abiertas para nuevas peleas. Ahora su futuro luce oscuro. Quienes decían –injustamente- que sus peleas no eran atractivas porque solo sabe correr, ahora podrán agregar que solo sabe agarrar. A lo mejor alguien en 126 libras se anima a tomar el riesgo sabiendo que ya Rigondeaux no es invencible, pero parece difícil que una televisora quiera tomar el riesgo, a pesar del rotundo éxito de ESPN en esta pelea.

En una misma noche Lomachenko se quitó dos sombras de encima. Primero la de Rigondeaux a quien acabó sin atenuantes. La otra la de Orlando Salido, que perdió agotado de tantas peleas de toma y dame y anunció su retiro, eliminando la posibilidad de una revancha que LOmachenko no quería porque para él ya era parte del pasado.

 

 

 

‘Canelo’ vs. Chávez Jr. fue un sesión de sparrings PPV, para anunciar una gran pelea.

La anunciada pelea del año entre Saúl ‘Canelo’ Álvarez y Julio César Chávez Jr. terminó siendo una millonaria producción, pagada por el público, de la esperada velada del 16 de septiembre que protagonizarán el propio Canelo y Gennady Golovkin.

No sorprendió  el triunfo del Canelo  -salvo a unos pocos que pensaban que Chávez Jr. tenía algún chance de ganar- aunque sí fue inesperada la forma en que ganó, por la falta de respuesta e interés que mostró el hijo de la leyenda.

Lo que nadie esperaba es que inmediatamente después de la pelea se anunciara que ya había un acuerdo para que Álvarez y GGG se enfrenten el 16 de septiembre. Oscar De la Hoya ya había dicho en días previos que esa cartelera sería la próxima, pero había dudas de que fuera cierto, porque estamos acostumbrados a ver cómo las grandes peleas se postergan a conveniencia.

Lo cierto es que el anuncio vino como anillo al dedo, no solo para el boxeo, sino también para cambiar el tema de conversación de una triste noche de boxeo. Lo que iba a ser una de las peores noches del boxeo se convirtió en una de las mejores noticias. Nadie habló de una decepcionante pelea, sino del gran espectáculo que viene.

Finalmente, el 6 de mayo no pagamos por una pelea de boxeo, sino por la primera sesión de sparrings de Saúl ‘Canelo’ Álvarez de cara a su gran pelea del 16 de septiembre.

No me quedaban dudas de que Saúl Álvarez saldría victorioso ante Julio César Chávez Jr., ni de que la pelea fuese de una sola vía, pero en realidad nadie hubiese apostado que el Jr. iba a dar la misma pobre imagen que dio ante Sergio ‘Maravilla’ Martínez.

‘Canelo’ va ahora ante el gran reto de su carrera. Nunca ha enfrentado a nadie que parta con ventaja ante él. Sus retos más difíciles hasta ahora habían sido Floyd Mayweather Jr., quien peleaba 5 libras por arriba de su peso, Miguel Cotto, un wélter convertido en mediano por gracias del destino, y Erislandy Lara, quien se conformó con boxear bien y no forzar una victoria que estaba a su alcance.

‘Canelo’ quería esta pelea con Golovkin y seguir postergándola hubiese tensado las relaciones con sus promotores. Ahora deberá demostrar de qué madera está hecho.

‘Canelo’ podrá prueba su poder, el cual quedó en duda en categorías superiores luego de haber castigado sin descanso a Chávez sin lograr moverlo de la planta de sus pies. También deberá demostrar su resistencia ante quien quizás es el más poderoso pegador libra por libra de la actualidad.

Tampoco será una pelea fácil para Golovkin. El mexicano es un boxeador más completo que la gran mayoría de los rivales disponibles en las 160 libras. El espectáculo está asegurado.

Lo mejor de todo es que las grandes peleas se están haciendo. Eso es bueno para el boxeo, que durante muchos años vio como los combates que el público pedía se deshacían en las mesas de negociaciones por culpa del recelo de promotores que sobreprotegían a sus representados.

Veremos a Kell Brook contra Errol Spencer, la segunda parte de Andre Ward vs. Sergey Kovalev, Guillermo Rigondeaux se las verá con Miguel Flores y ya se planean otras peleas que prometen emoción.