¿Por qué los republicanos celebran una reforma de impuestos que parece impopular?

El partido republicano se acaba de apuntar un gran éxito a corto y a mediano plazo. Su gran celebración tiene justificación, aunque hay quienes opinan que el Tax Cut and Jobs Act será su perdición.

En política los tiempos importan, y el momento de la aprobación de esta reforma es perfecto para la actualidad y las aspiraciones de los republicanos. Necesitados de un gran triunfo antes de terminar el 2017, se han anotado uno enorme y los réditos los podrán recoger en Noviembre del 2018, a pesar de las predicciones negativas del otro lado del espectro político.

El nuevo sistema impositivo favorece principalmente a los grandes capitales y corporaciones, y es más que dudoso que ese beneficio permee hacia abajo, como anticipan los conservadores. Pero el efecto inmediato de la reforma impactará de forma positiva –moderada, pero positiva- a la clase media y trabajadora y esto favorecerá al partido Republicano en las elecciones de medio término de 2018.

El partido Demócrata está apostando a que los electores castiguen a los republicanos en noviembre de 2018 con el mensaje de que la reforma favorece a los millonarios como Trump y hasta ahora han sido efectivos. Alrededor del 60% de los estadounidenses desaprueban la reforma, pero esto puede cambiar muy rápidamente.

Tan pronto como en el segundo cuarto de 2018, los trabajadores verán que su cheque salarial tiene unos cuantos dólares más gracias a un recorte en los impuestos. La economía seguirá boyante, en gran parte debido  a la estabilidad alcanzada durante el gobierno de Obama -aunque la administración de Trump ha sido inteligente en atribuirse todos los méritos para sí misma- y los beneficios empresariales seguirán creciendo.  Todo esto será bien explotado por los republicanos y difícilmente rebatible para los demócratas, porque los efectos serán tangibles.

El nuevo sistema tributario tendrá un impacto negativo a futuro para la economía y los trabajadores, pero si los republicanos son hábiles, esto no se sentirá en la calle antes de las elecciones de medio término.

Los recortes impositivos son de por vida para quienes más dinero ganan –el 1% de la población. Para la clase media se irán reduciendo a partir de 2019 y terminarán pagando más de lo que pagan hoy en día a partir del 2026, pero hasta entonces mucha agua habrá corrido. Por lo pronto, en noviembre de 2018 la gran mayoría tendrá unos pocos centavos más y será difícil convencerlos de lo contrario.

La reforma de impuestos agregará más de un trillón de dólares a la deuda pública, pero eso tampoco se notará en 2018. De hecho, el único aumento de la deuda reconocible dentro de un año será el del 2017 y esa cifra se le atribuye al presupuesto de Barack Obama. Así funciona la política, los números malos cuentan para quien ya no está y los buenos para el recién llegado.

Otro costo de la reforma que tendrán que pagar los menos pudientes serán las reducciones a las ayudas sociales. Con el enorme déficit en presupuesto que se avecina, los recortes a programas de asistencia serán inevitables. Los representantes republicanos más sinceros lo han dejado entrever ya, aunque tratan de esquivar la realidad. El Medicare, Medicaid, Seguro Social, las inversiones en educación, asistencia de vivienda, etc., se verán afectadas inmediatamente.

Este es el auténtico reto del partido Republicano en estos momentos de cara a las elecciones. Sin embargo, la solución está en sus manos; solo necesitan demorar los recortes de los programas de welfare unos pocos meses para llegar a noviembre sin haber golpeado al elector. Este ejercicio será demoledor para las finanzas nacionales, pero no serán lo representantes demócratas quienes los detengan y pidan sacrificios a los trabajadores para proteger la deuda nacional. Cuando sepamos cuál es el daño real que se le haya causado a las finanzas del Estado, ya los republicanos tendrán asegurada la mayoría parlamentaria por al menos dos años más.

El otro gran golpe de la reforma de impuestos es el que se le da al Obamacare. La eliminación del mandato, que consistía en una multa que debían pagar en los impuestos quienes no tienen un seguro de salud, elimina gran parte de los fondos de subsidio del sistema para poder pagar a las compañías aseguradoras privadas. Sin este dinero, los aseguradores se verán obligados a subir las tarifas o a salirse del mercado del Obamacare. Este impacto tampoco se sentirá de inmediato. Ya las compañías de seguros estimaron y avanzaron sus primas para el 2018, y durante el próximo año seguirán recibiendo el mismo subsidio del Estado. Será a finales de 2018 cuando anuncien las primas del 2019. Si lo hacen después de las elecciones los ciudadanos no sabrán aún lo que se les viene encima; si estiman sus tarifas antes de noviembre, el gobierno lo usará para respaldar sus ataques contra el Obamacare y convertirá una mala noticia en un triunfo político.

Por eso, los republicanos celebran y elogian casi de forma servil al presidente Donald Trump. Los Demócratas que piensan que la gente castigará a los republicanos en noviembre cometerán otro error político al subestimar al rival, como lo hicieron en el 2016.

 

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